
y de frondosos olivos,
casitas como pintadas
las de mi Anjullón querido.
Recostándose en la loma
entre péncales sedientos
las jarillas se adormecen,
con las canciones del viento.
En el alto azul del cielo
el lucero parpadea
y la luna gaucha asoma,
querendona sobre el cerro.
Que me importa la distancia
si el recuerdo está cerca
te canto de corazón
pueblito de Anjullón.
Autor: Dardo Higinio Peralta